Samstag, 20. April 2024

Gardel en Nueva York - Capítulo 2: El primer programa radial

    

Capítulo 2: El primer programa radial
por Terig Tucci con anotaciones de Camilo Gatica y José Manuel Araque


Al día siguiente nos reunimos en el salón de música del hotel. Descansados ahora y después de un suculento desayuno, en el que pudimos apreciar el magnífico apetito matinal de Castellano, el pianista, restregándose Gardel vigorosamente las manos, con el ímpetu de un explorador que viene a conquistar mundos nuevos, todos infinitamente más cordiales y entusiastas que la noche anterior, comenzamos a repasar las canciones con las que Gardel debutaría en la NBC en esos mismos días. Mariani sugirió como rúbrica de los programas el tango "Buenos aires. Esta canción, que nos pareció una elección feliz, encontró la inmediata aprobación de Gardel.

Buenos Aires era la ciudad más identificada con la carrera del artista. Desde su llegada con su madre de su nativa Francia, siendo niño de muy tierna edad, fue Buenos Aires donde hizo Gardel sus primeras armas. Buenos Aires, que lo consagró más tarde su artista predilecto y que lo bautizara con el nombre de El Zorzal Criollo.

Cuando hubimos compaginado el primer programa y después de algunas instrucciones de Gardel y Mariani, me llevé las partes de piano y canto a mi casa, para comenzar a preparar las orquestaciones.

El exiguo tiempo de que disponíamos había que aprovecharlo, trabajando en ocho orquestaciones y rúbrica, para una orquesta de treinta profesores, que debían estar listas en cuarenta y ocho horas. Trabajé todo ese día, esa noche, el día siguiente y parte de la noche. Afortunadamente, completé mi tarea con tiempo justo para tomar unas pocas horas de indispensable reposo.

Bien temprano esa mañana – el día de los ensayos y el programa– con mi tarea llevada a feliz término, salí de mi casa alborozado como un niño, en dirección a los estudios de la NBC. Hicimos un ensayo previo de piano. Algunas observaciones y correcciones de Gardel fueron debidamente tomadas en cuenta. Con gran satisfacción de mi parte, pude observar que Gardel era un artista en extremo cooperativo, accesible, tratable. Sus observaciones eran hechas a manera de sugerencias, casi con timidez, temeroso de que sus correcciones pudieran ofendernos.

Después de los ensayos de piano fuimos todos al Santa Lucía, un pequeño pero magnífico restaurante italiano, ubicado en la calle 54 y Séptima Avenida, a pocas cuadras de los estudios de la NBC.

Esa misma tarde se realizarían los ensayos de orquesta para el programa radial. Yo estaba bastante nervioso, sabedor de las responsabilidad que sobre mí recaía como autor de las orquestaciones y no cesaba de preguntarme: ¿Le gustará mi trabajo?... ¿Impugnará mis esfuerzos? Tratando de vencer mis dudas me decía a mí mismo: Sabré interpretar su reacción por sus gestos, por su expresión… Pero, a pesar de que trataba de cobrar ánimo, el terror me atormentaba y un sudor frío me corría por el cuerpo.

Llegó la hora de la prueba. Los profesores sentados ante sus respectivos atriles; Gardel, completamente dueño de sí, examinaba sus canciones; desde su estrado, Hugo Mariani aprestándose a iniciar el ensayo y repiqueteando la batuta, llamaba al orden de la orquesta.

La primera pieza que se ensayó fue “Buenos Aires”, la canción que debía servir de rúbrica. Ante una orquesta de esas dimensiones, temeroso Gardel de que se entrometiera demasiado y entorpeciera así su labor de intérprete, oía al acompañamiento con mucha atención y cierto recelo, mientras cantaba la letra en voz baja. No toleraba que nada pudiera inmiscuirse en su canto, de vez en cuando echaba miradas furibundas en dirección a los músicos. Era obvio que el artista consideraba a la orquesta como un grupo de oposición… y lidiar con esta pandilla de músicos no era tarea fácil. Estaba acostumbrado a cantar con guitarras, que acompañaban al cantante en los términos más simples, a veces ingenuos, enteramente subordinadas a la fantasía o el antojo del intérprete.

Hasta entonces Gardel no había cantado nunca con una orquesta de treinta profesores, como la que le enfrentaba esa tarde, y muy pocas veces con orquesta alguna, en cuyo caso el acompañamiento orquesta siempre había sido apenas un murmullo tímido, apocado, reduciéndose a llenar los huecos de la melodía, algunas veces con verdaderos virtuosismos instrumentales, pero generalmente chácharas anodinas, insustanciales.

Antes de comenzar a escribir las instrumentaciones, yo había tenido la precaución de estudiar una cantidad de discos de Gardel con acompañamiento de orquesta. Con raras excepciones, los encontré inadecuados. Acostumbrado a la estética de la instrumentación norteamericana (la introducción del micrófono trajo grandes modificaciones en el arte de orquestas para la radio y el disco) esa premisa Gardeliana de la timidez musical era difícil de aceptar. Sin embargo, no podíamos contrariar demasiado los deseos del intérprete, introduciendo bruscamente combinaciones sonoras a las que no estaba acostumbrado. Mi credo estético consiste en fundir intérprete y orquesta en una sola masa sonora; que la orquesta comente las infinitas gradaciones emocionales de la canción con la misma intensidad que le infunde el intérprete y que juntos, intérprete y orquesta, recorriendo la gama de emociones humanas, alcancen incontenibles, como en el desenlace de un drama, la vehemente culminación de la realización interpretativa.

Esa misma tarde tuve oportunidad de constatar que mi estrategia estaba bien fundada. Una de las piezas que se ensayaban era el hermoso tango de Charlo titulado “Cobardía”. El estribillo se inicia con las palabras:

“Yo sé que es mentira
todo lo que estás diciendo,
que soy en tu vida
solo un remordimiento”.

Así describe el doloroso vía crucis del atormentado amante.

Un obstinado crescendo de mortificante desdicha alcanza su punto culminante en una fuerte explosión emocional, en que las fuerzas instrumentales, siguiendo la curva cumulativa del intérprete, estalla en un poderoso acorde seguido de inmediato por el eco, noble y resignado en la armonía, que es casi un suspiro de cuatro instrumentos de metal –dos trompas y dos trombones, pianísimo– sobre el cual el intérprete anuncia el desenlace de su inmensa tragedia:

“Lo sé, y sin embargo
Sin esa mentira
No puedo vivir.”

Por un instante todos quedamos galvanizados ante la magistral interpretación del artista excelso, inclusive aquellos de los presentes que no entendían el texto español. Todos, como una sola persona, aplaudimos con frenético entusiasmo. Gardel, feliz por su primer triunfo en Nueva York, se vuelve hacia mí, y con el gesto típico de completa aprobación, consistente en llevarse los dedos pulgar e índice al lado derecho del labio superior, como retorciéndose un bigote imaginario, anuncia en el más puro acento porteño:

–Che Tucci, macanudo viejo. ¡Macanudo!

Esa misma noche, la voz triunfante de Carlos Gardel, el zorzal criollo que venía a conquistar nuevos laureles por cielos norteños, se escuchaba en incontables millones de hogares norteamericanos.




Notas

El día después de su llegada, el viernes 29 de diciembre a la 1PM, Carlos Gardel asistió a un almuerzo en su honor en el Ritz-Carlton Hotel en Madison Av en la calle 46 (a poca distancia del Waldorf). Hugo Mariani también asistió, el evento fue patrocinado por la NBC para presentar a Gardel al cuerpo diplomático latinoamericano. El «Rey del Tango» estaba finalmente en Nueva York (lamentablemente este apodo ya estaba sobreutilizado, Eduardo Bianco todavía estaba en la ciudad y también se hacía llamar «rey»). El evento del Ritz-Carlton fue retransmitido en directo por un puñado de emisoras, entre ellas la WEAF de Nueva York.

El Ritz-Carlton se construyó en 1911 y era la definición misma de la extravagancia. Contaba con un patio de palmeras, un jardín japonés, un jardín en la azotea y un gran comedor abierto a eventos. Probablemente, en 1933, ya había vivido tiempos mejores. Por supuesto, Gardel cantó.


Tucci tenía poco tiempo para trabajar en sus arreglos, aunque debe haber habido un plan en marcha antes de la llegada de Gardel.Por un lado, la NBC iba a salir en vivo con el cantante en 48 horas, y el cantante apenas se había reunido con su Orquesta para los ensayos. Mariani trajo su vieja «Orquesta de Maestros» para tocar con Gardel. Este grupo estuvo asociado con Mariani durante años, era probablemente una orquesta de estudio que Mariani podía amoldar al incesante cambio de programación en la radio, tocaba de todo, desde jazz hasta ritmos latinos y más. Mariani se nutrió de esta orquesta de la NBC y probablemente añadió al grupo a uno o más de sus socios sudamericanos. Esta orquesta probablemente estaba familiarizada con el material antes de conocer a Gardel. Sólo tenían un intento.


¿Quién era Terig Tucci? No se sabe mucho sobre el histórico Terig Tucci antes de que conociera a Gardel. Nació en Buenos Aires el 23 de junio de 1897. Aprendió a tocar el piano, el violín, la bandola y otros instrumentos de cuerda. Se dice que a principios de la década de 1920 Tucci dirigió algunos conjuntos menores. Llegó a Nueva York el 13 de julio de 1923 (unas semanas antes que Cobián), y aparentemente realizó trabajos esporádicos (construcción) durante un tiempo. En septiembre de 1930 Tucci tocó tangos en la estación de radio independiente WRNY, con un grupo llamado «Trío Pampa» que incluía al pianista Andrés D'Aquila. En noviembre del mismo año Tucci dirigió una orquesta para Columbia en dos grabaciones de la cantante española Consuelo Moreno, su primer y único crédito documentado dirigiendo en estudio antes de Gardel. Moreno y Tucci trabajaron intermitentemente durante el resto de la década.

Tucci fue contratado entonces por RCA/Victor/NBC como arreglista, y se hizo muy amigo de Alfredo J. Cibelli, un mandolinista y tenor italiano que había ascendido hasta convertirse en director del departamento de música extranjera de Victor. Quizás confundido por el origen de Tucci, Cibelli le pidió que trabajara en música colombiana, lo que inició la larga asociación que Tucci tuvo con ese género. Más tarde, Cibelli sería acreditado como supervisor de sesión para las grabaciones de Gardel en la Victor.

En 1931 Tucci apareció en WOR radio acompañando al Trío Los Charros, formado por el joven cantante mexicano Tito Guizar con Chago Rodríguez y Juárez H. García. Los Charros pronto se separaron, y en septiembre de 1933 encontramos a Tucci acreditado como compositor de dos Rumbas grabadas por Chago Rodríguez.

A las 10:30PM EST del domingo 31 de diciembre de 1933, mientras el país esperaba el comienzo de un nuevo año, Gardel, Mariani y Tucci salieron en vivo por la Blue Network. El programa fue retransmitido a las estaciones del este de los Estados Unidos.

 

Curiosamente, en el mismo horario, un programa en directo de 15 minutos se retransmitió por onda corta desde Argentina en la emisora de la competencia, WABC.